
El trauma psicológico para las personas heridas en un terremoto es muy grande. En primer lugar, el pánico y el estrés durante el propio terremoto, cuando el tiempo de reacción es demasiado limitado. Además, el trauma psicológico también se expresa como un shock inimaginable por la experiencia, por la pérdida sufrida de seres queridos, amigos o compañeros. Además de las lesiones físicas que sufrieron mientras estaban enterradas bajo los escombros, las personas también tienen que lidiar con la pérdida de sus hogares, pertenencias, mascotas y más. Las condiciones más comunes en las que caen son el estrés mental y el shock, cuyos síntomas son expresado en llanto, ataques de pánico, alteraciones del sueño, pesadillas y otros. Para ello es necesario tener en cuenta los diferentes tipos de reacciones de las víctimas, porque cada persona vive la misma situación de forma diferente. Por lo tanto, es necesario prestar atención individual a cada persona que ha experimentado un fuerte terremoto y hacer que un psicólogo lo evalúe para determinar si necesita ayuda profesional o si podría manejar esta situación por sí solo.
Algunas pautas a tomar en cuenta:
Hable con un tono de voz bajo, pausado y firme.
Posiciónese al mismo nivel visual de la persona (agáchese si está sentada), respetando su espacio pero demostrando disponibilidad.
No use frases como «cálmese», «tienes que ser fuerte» o «no es para tanto». Estas expresiones invalidan el sufrimiento y aumentan el malestar.
«Es completamente comprensible que sienta miedo o ganas de llorar después de lo que acaba de vivir. Estoy aquí con usted».
Cada caso es diferente, se deberá aplicar un plan de tratamiento individualizado tomando en cuenta las necesidades sociales, economicas y emocionales de cada persona.

